Aprendiendo a escoger protector solar encaja con tu piel

En plena ‘ola de calor’, uno de los productos que no debe faltar en nuestro hogar es la crema solar. No todas las pieles son iguales y cada cual requiere un fotoprotector distinto para protegerse de los efectos nocivos del sol. Acude a tu farmacéutico, él sabrá indicarte cómo disfrutar del verano sin quemaduras que se queden grabadas en la piel de por vida.

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Tipos de piel

Para plantarle cara al sol, lo primero que tienes que saber es qué tipo de piel, o fototipo, tienes, pues en función de él podrás tomar las medidas más adecuadas para protegerte. Técnicamente se conoce como fototipo a la capacidad de la piel para responder a la radiación ultravioleta y hay seis distintos:

I: las personas con este fototipo se queman fácilmente y no se broncean nunca. De hecho, tan sólo necesitan 10 minutos sin protección para quemarse. Tienen el cabello pelirrojo y la piel lechosa.

II: se queman fácilmente y se broncean un poco. El tiempo de exposición para la aparición de quemaduras es de 15 a 20 minutos. Su pelo es rubio y la piel clara.

III: se queman fácilmente y se broncean poco a poco. En 30 minutos sin protección aparecen las quemaduras. El cabello de estas personas es de castaño a oscuro y el color de su piel entre clara y mate.

IV: se queman poco y siempre se broncean bien. De 30 a 45 minutos es el tiempo estimado para quemarse. Tienen el pelo oscuro y la piel mate.

V: se queman raramente y siempre están bronceadas. Pueden estar hasta 60 minutos sin protección y sin quemarse.

VI: se queman muy raramente y están muy pigmentadas.

Todas las personas tienen que utilizar un protector solar independientemente del tipo de piel que tengan, puesto que, aunque cada uno a su manera, todos necesitan protegerse contra los rayos ultravioleta. Con una excepción: las personas muy morenas probablemente no necesiten fotoprotección, excepto en condiciones de exposición extremas.

Tipos de fotoprotector

Hoy en día tenemos variedad de productos que nos protegen del sol y pueden ser clasificados como filtros, protectores o bloqueadores, dependiendo de las sustancias que contengan. Los protectores poseen elementos orgánicos que brindan protección contra la exposición a la radiación ultravioleta B y los bloqueadores incorporan sustancias inorgánicas que permanecen en la superficie de la piel sin absorberse, impidiendo así que tanto los rayos UVB como UVA lleguen a la piel. Lo normal es que los protectores solares incluyan ambos tipos de filtros, para aumentar su eficacia. Aún así, antes de comprar el fotoprotector, comprueba en su etiqueta que es “de amplio espectro”, es decir, que filtre tanto los rayos UVA como los UVB.

Cada fotoprotector incluye un Factor de Protección Solar (FPS), es decir, un dato numérico que nos indica el número de veces que el fotoprotector aumenta la capacidad de defensa natural de la piel frente al eritema, enrojecimiento, previo a la quemadura. El Factor de Protección Solar debe aparecer en la cara principal del envase y pude ser:

• Protección baja: 6-10

• Protección media: 15-25

• Protección alta: 30-50

• Protección muy alta: 50+

Logicamente, cuanto menor sea tu fototipo, mayor es el riesgo de que las radiaciones solares acaben dejando una huella nefasta en tu piel y, por tanto, mayor el FPS que necesitas.

Recuerde: una crema con un FPS 30 puede absorber más del 92% de la radiación UVB y otra con factor 50 absorber hasta un 97%. Por encima de FPS 50, la diferencia a cuanto protección suele ser insignificante.

Cómo aplicarlo

Crema, gel, emulsión, espuma, etc., la forma de presentación de los protectores solares es muy diversa. Cuanto más graso sea, mayor penetración, permanencia y filtración, y menor necesidad de aplicarlo de nuevo. Para pieles grasas y zonas con pelos, las fórmulas en gel son más adecuadas.

Hay que empezar por un FPS alto, sobre todo la primera semana de exposición solar, e ir rebajándolo en los días posteriores. Y hay que aplicar el protector solar en todas las zonas de la piel expuestas al sol, sin olvidar las orejas, el cuello, los labios y el dorso de los pies, hacerlo en abundancia y repetir la aplicación cada dos horas, después de meterse en el agua o de practicar ejercicio o si se ha sudado mucho.

Ropa adecuada

Cada vez existe mayor evidencia de que la mejor forma de protegerse es evitando la luz del sol y usando ropa adecuada y que los protectores solares son una opción complementaria. Por eso, si sabes de antemano que vas a sufrir una exposición solar intensa, ten a mano una gorra o sombrero que proteja el cuero cabelludo y la cara, una camiseta de algodón, preferiblemente de manga larga, unos pantalones y unas gafas de sol.

Y aunque cualquier tipo de prenda protege del sol y el efecto es constante, la realidad es que protegen más las prendas de fibra sintética (poliéster, lycra, nylon, acrílicos), de colores oscuros o brillantes, de alta densidad (mejor mezcla de algodón que seda) y elásticas (prendas ajustadas).

Una curiosidad: en la actualidad existen productos que potencian el efecto protector de la ropa, por ejemplo, añadiéndolo al detergente de la lavadora.

Fuente: www.aedv.es

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